Salíamos el otro día, un poco avergonzadas, de una conocida franquicia de peluquerías sita en la Gran Vía. Avergonzadas, un poco, porque dos simpáticas desconocidas nos habían obligado a hacer la “ranita” (versión vivisección de instituto).

“La ranita” es una de las muchas posturas que hay que tomar para depilarse. También está el perrito (no comment), la flamenca (brazos arriba)… Todas serían bastante vergonzosas per sé, pero a medio vestir (pantalones, no, sujetador, sí) y con un florescente encima, resultan muy humillantes. Luego está el “estira de aquí”, el “en serio, todavía quema” y la eterna batalla (perdida) “no te metas mucho”. Y así cada dos semanas/un mes, dependiendo de la alegría de tu vello.
En fin, que salíamos en humillado silencio de la peluquería cuando nos encontramos a Mo’nique. Para quien haya estado en Marte: es la flamante ganadora de un Oscar a actriz de reparto por su actuación en Precious. Mo’nique es brillante, negra, gorda y peluda. En la gala de los Globos de Oro, enseñó, muerta de la risa, las piernas a los fotógrafos:
La depilación no está pagada. De hecho, nos deberían pagar por hacérnosla. Los novios, los fotógrafos, las señoritas que disfrutan torturándote para que hagas la ranita… Pero Mo’nique, chata, las americanas os afeitais, que no es la mitad de coñazo.
Aún así. Olé tus pelos. Olé tus pelos con sandalia dorada y pedicura francesa. Nosotras no nos hubiésemos atrevido. Somos ranitas.



















Últimos comentarios