La marmota Phil tenía razón, el invierno se está alargando. Envueltas en sendas bufandas nos paseábamos por la Gran Vía, sonándonos sonoramente los mocos cuando, horror, nos encontramos a Robert Pattison, el guapérrimo de Crepúsculo. Llorando en un banco.
Nosotras estamos en esa edad en que buscamos a un George Clooney que nos insemine y nos saque de pobres. Robert no nos hace suspirar, pero, hombre, hay que reconocerle que está tremendo.
Le pasamos uno de nuestros kleenex e intentamos distraerle hablando del tiempo:
- “Menudo frío, eh, Robert, y eso que parecía que había llegado la primavera…” (Nosotras).
- “El futuro no es más que una ventana al pasado, mi corazón se hiela pensando que la próxima vez que os vea será la última que os vi” (Robert).
Uf, uf, uf. Nos preguntamos si esta mierda le funcionará con la jovencitas. Y el tío vanga a llorando y diciendo no sé qué de que él nos protegería. “Que los negros de la Gran Vía sólo te quieren vender chocolate”, le dijimos. Y él: “Nooo, son hombres lobo, ¡licántropos!”. Qué tío más cansino.
Aprovechamos para darle nuestro consejo: “Robert, mira recto coño”. Lo de la mirada oblicua nos pone muy nerviosas, debería aprender de Phil…

Robert, oblicuo, Phil, de frente
Como no dejaba de sollozar lo metimos en el Bershka, donde una horda de chavalillas talla XXS procedieron a quitarse al unísono los sujetadores.


