The Banana Tribune

Jueves, 9 de septiembre de 2010     

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El Vaquilla, El Rafita y La Naranja Mecánica

Martes, Febrero 2nd, 2010

Aunque vive errante, vive/ Como un fugitivo siempre/ Siempre va najando, siempre/ Siempre perseguido/ Tu eres El Vaquilla, alegre bandolero/ Porque lo que robas, repartes el dinero/ Tu eres El Vaquilla, de buenos sentimientos/ Al final dependes de un simple carcelero.

Que lejos quedan los homenajes de Los Chichos y de José Antonio de la Loma, con sus epopeyas cinematográficas del mito del bandolero del siglo XX. Aunque no fuera precisamente un santo, el lumpen de suburbio encarnado por El Vaquilla, adquiere un aire romántico, de auténtico Robin Hood del asfalto, expoliando los recursos de la gran urbe en pro del suburbio chabolista, entendiendo el gueto como un Sherwood posmoderno. Efectivamente, El Vaquilla o El Torete eran parias, lumpens poligoneros, perros callejeros, chorizos de medio pelo como El Rafita, pero no asesinos despiadados como este Billy The Kid ibérico, de nuevo en la palestra informativa por su ineficaz reinserción. Raptar, violar, atropellar quince veces y quemar viva a Sandra Palo no tuvo excusa ni justificación posible.  Si además, el crimen es perpetrado por un crío de 14 años, la cosa escapa a toda lógica. El mismo origen desposeído, desestructurado y violento que El Vaquilla, pero regado con un ensañamiento de una bajeza asquerosa. Indigno incluso de las barriadas tipo Callejeros, escenario del Far West actual.

Algo está ocurriendo entre los chavales de hoy en día. Pocos meses atrás, los noticiarios se hacían eco de dos casos de violación perpetrados por niños ‘bien’ de 13-14 años. En estos casos sin muerte. La colonización del porno en todas las esferas ha invadido la pubertad. Series televisivas para adolescentes están repletas de escenas -sin ser explícitas- que no tienen su homólogo en la realidad que tratan de abanderar. Internet es una fuente inagotable de escenas ‘carnívoras’. Los chats y redes sociales son el escenario para el ligoteo anónimo, el que permite espolsarse los complejos e ir al grano sin contemplaciones. Mejor no extenderse en la indumentaria de instituto, que desafía las revolucionadas hormonas púberes a golpe de pantalones a medio poner, escaparate ideal para boxers y tangas minúsculos, más propios de la higiene bucal que de la moda juvenil. ¿Qué púber aspira a ser Zapatero pudiendo ser Nacho Vidal o Indira de GH? Abominable.

Aparte de la casposa jauría televisiva -con el orangután de Rafa Mora a la cabeza- o realities como Generación Ni-Ni -ni estudia ni trabaja ni sabe hacer la ‘o’ con un canuto-, el adolescente de a pie vive preso entre el botellón, la cruda realidad y el videojuego, encarnado en alter egos virtuales, armado hasta los dientes, destripando enemigos desde el salón de casa. Las telenoticias tampoco son muy alentadoras: hombres bomba que se inmolan, lapidaciones, conflictos étnicos, desastres naturales, corrupción política…parece que hará falta algo más que Avatar y su edulcorado mensaje ecologista para invertir el panorama. En la época dorada de El Vaquilla, lo que movía los actos de su pandilla era la necesidad, el desarraigo y cierta dosis de adrenalina producida por desafiar los tentáculos de la autoridad. Lo de El Rafita y sus drugos es un sinsentido, un desafío a toda ética, sólo comparable con la ultraviolencia descrita por Anthony Burguess en su cinematográfica novela La Naranja Mecánica.