The Banana Tribune

Viernes, 3 de septiembre de 2010     

Tim Burton: critiquemos a la burguesía, pero adoptemos sus vicios

22 Abril 2010

Tim Burton, ¿por qué eres tan burgués? Te lo digo desde mi más puro corazón Bauhaus.

En primer lugar, declaremos nuestra admiración por el personaje. Todo aquél que sobrevive se merece el máximo respeto y admiración. Cuando hay tablas se nota. Shyamalan nos engañó también, y llegó un momento que lo terminamos calando, pero tú has remontado siempre y has conseguido renacer para colárnosla una vez más. Ole, Tim Burton.

Decir que Tim Burton se ha vendido a Disney es lo mismo que decir que Botín se ha vendido a la banca. Burton siempre ha sido Disney. Dialécticamente, pero Disney. Con la diferencia de que Disney tiene la decencia de hacer películas para niños, para descerebrados conscientes de que están siendo descerebrados por las películas de Disney y para compradores compulsivos de muñequitos y parafernalia varia de mochilas, llaveros y demás productos de primera necesidad con la efigie de Donad, Pluto y el mardito roedó más famoso del planeta. Es decir: supuestas historias profundas y transcendentales sólo porque hablan de la muerte y de cosas oscuras y macabras, como si no pudiese ser uno un fatuo, un pretencioso y un hueco hablando de la muerte, cuando lo que nos importa en el fondo es vender camisetas, chirimbolitos varios y, de paso, ser una de las funtes de inspiración para algunos de los movimientos populares más importantes, estimulantes y admirables de nuestro tiempo, como son los góticos y los emo. ¿No habéis visto a una niña gótica por el metro con su mochilita en forma de ataúd con su Jack? (Ya, ya sé que Pesadilla antes de Navidad no es de Tim Burton, pero todo el mundo lo cree y muchos creen que es “lo mejor que ha hecho Burton”, cuando precisamente no la hizo él.) Pues eso: si eso no es kurtura, ya me diréis. Tim Burton ha conseguido su mejor obra de arte no con sus películas, sino con su carrera: hacer obras completamente manieristas para un público entregado a cada uno de sus tics y a la vez pasar como auteur ante todo el mundo. Como decía Truman Capote, mejor que ser rico es ser amigo de los ricos. Mejor que ser algo es parecerlo. Y para eso se necesita un kung-fu muy poderoso.

La obra de Tim Burton, como la de toda persona que alcanza la perfección en su arte, debe ser admirada. No tanto por sus valores cinematográficos, sino por haber alcanzado la perfección en la picaresca de dárnosla con queso una vez tras otra y haber convencido a todo el mundo que es un genio, en este caso repitiendo una y otra vez los mismos elementos en sus películas. En cierto modo Burton ha llegado al arte tautológico: la gente quiere ver “una película de Tim Burton”, da igual cómo sea ni lo que haya dentro. Y como por defincibión una película dirigida por Tim Burton es “una película de Tim Burton”, pues ya da lo mismo. Ya no vendemos un producto, sino los valores emocionales asociados a una marca, de modo que si sacásemos alpargatas de esparto de marca Nike a ciencuenta euros seguro que las venderíamos. Es algo fascinante, como lo de Apple: seguro que hay gente que se ha comprado un iPad sin saber para qué lo quiere o para admirarlo dentro de su caja, y si mañana Steve Jobs saca los iCereales los macheads no desayunarán otra cosa. Algo así como cuando Pérez-Reverte, bien conocedor de sus lectores, dijo que si encuadernaran la guía de teléfonos con su nombre en la portada, que se vendería. ¿Para qué complacer al público, cuando puedes amaestrarlo y condicionarlo para que te complazca a ti mientras te dedicas a complacerte a ti mismo? Qué sabrán ellos lo que quieren, aparte de lo que quieras tú. Steve Jobs, Pérez-Reverte y Tim Burton no están encerrados con nosotros, sino que nosotros estamos encerrados con ellos. Ya sé que es una putada, pero cuanto antes lo admitamos más tranquilos viviremos. El kung-fu es muy poderoso en ellos.

El caso de esta Alicia es por eso todo un canto al cine moderno. Primero, que no falte, niña en estado de merecer, aunque por aquello de las costumbres victorianas vamos a ver más bien pocos de su no muy serrano cuerpo, que la pobre está un poco chuchurría, aunque muy guapilla, eso sí. Belleza tísica, la llamaban en el siglo del romanticismo. Tampoco lo de pasar niño a joven adulto es nada nuevo: Hook se basaba en una premisa no muy distinta, y muy recientemente los Grimm Fairy Tales sacaron una colección en la que la hija adolescente  de Alicia va a un País de las Maravillas donde hay más peligro que en Goldman Sachs un viernes a última hora.

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Sobre las libertades sobre la obra de Carroll, poco importan. Más se tomaba con Sleepy Hollow, y así salió aquello como salió, y al final de El planeta de los simios firmada por él muchos salieron del cine pensando que habían visto una copia mutilada a la que debían faltarle minutos del final. Baste con decir que lo fundamental es que el personaje del Sombrerero Loco según Carroll está loco… pues por eso, porque está loco, o lo que puede ser locura en ese mundo desquiciado, mientras que en la película de Burton está loco… porque sufre de estrés postraumático. El Sombrerero Loco no está loco, sino traumatizado y un tanto deprimido porque ha visto “el horrrrooooorrr” del campo de batalla y la sinrazón humana.  El maestro de la fantasía y de la imaginación intenta introducir orden y racionalidad en un mundo que en origen es completamente onírico, caótico y arbitrario, y donde no lucha ni remotamente el bien y el mal, sino que por definición precisamente nada tiene sentido. No sé: es como intentar buscar signficado o lógica al mundo donde viven Bugs Bunny y el Pato Lucas. Sobre la interpretación de Depp, una vez asumido que lo de su personaje seguro que se pasa con una buena terapia conductual o prozac, pues no tiene uno más que deconstruir un poco lo de que es el “autor fetiche” de Burton. Vamos, que lo deja hacer lo que le da la gana, más o menos el papel de pirado que de suyo le sale natural cuando lo dejan, que consiste en abrir los ojos como el muñeco diabólico y sonreír como el cantante del Trololó (si os fijáis, el parecido es inquietante). Si te llamas Will Ferrel, Jim Carrey, Bill Murray o Adam Sandler y pones caras y muecas en honradas comedias, la gente te odia y dice que eres un pesao sin gracia, pero si haces lo mismo en películas de auteur eres la leche. La percepción y el estatus lo es todo. Eso sin olvidar que con el maquillaje y eso te termines pareciendo a Madonna.

En fin, qué burgués es todo.

Por supuesto es no ya recomendable, sino completamente imprescindible, verla en 3D, y precisamente porque no ha sido filmada originalmente de ese modo y ha sido “hinchada” produciendo unos efectos aberrantes y poco saludables para la vista. Eso es lo que queremos y eso es lo que nos dan. Y pagamos más por ello. Porque nosotros lo valemos. Ole, ole y ole. Porque el 3D es innovador. En 1952 nos tiraban pelotas de ping-pong a la cara, y cincuenta años después podemos gozar de la experiencia sublime de que Johnny Depp nos arroje telas a la cara y sobre todo de que Brendan Fraser nos escupa a la cara. Dentro de poco nos harán en la cara eso mismo que estáis ahora pensando y seguro que diremos que llueve. Todo está en la mente, así que es cuestión de mentalizarse.

Y es por todas esas razones por las que la película me ha parecido muy buena.

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Películas portadoras de valores eternos: El Rey León

15 Abril 2010

Imperdonable que no la haya visto hasta ahora, pero bueno, qué se le va a hacer. Hay tantas obras maestras, y tan poco tiempo…

En primer lugar hay que aclarar una cosa: Disney es Disney, y como tal fenómeno transciende en mucho un análisis simplón de sus obras, ya que tiene una serie de particularidades y de elementos propios que hacen merecedores a sus productos de un análisis en términos particulares. Disney es una dimensión propia, e intentar moverse por ella con las coordenadas habituales no puede sino despistarnos.

La película empieza directamente en quinta marcha, sin cortase un pelo, con una canción que es un canto a la armonía de las distintas especies en un “ciclo sin fin” que es la vida. Pero ojo: la vida no es una democracia, sino una monarquía en la que reina el mayor de los depredadores. Eso: el león, el animal más fuerte. Que todos sabemos que es mentira y muy sabiamente Stewart Granger en Las minas del rey Salomón dice que en la sabana el que corta el bacalao es el elefante y yo vi en un documental del National Geographic que los elefantes seguían su camino y los leones se quitaban de en medio por lo que les pudiera pasar, pero aquí estamos hablando de Disney, que como ya he dicho hay que echarle de comer aparte.

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“Decidme, amigos: desde aquí arriba, de los animales de la fauna terrestre, marítima y aérea que tú conozcas podrías decirme por favor qué animal de las anteriormente mecionadas faunas me asemejo en semejante postura.” “¡Pues a un león, burro! ¿No ves que eres un león?”

Pues bien: como casi toda monarquía, es hereditaria, y la película arranca cuando los súbditos del Rey León, Mufasa, acuden a rendir pleitesía y arrodillarse ante la institución monárquica renovada en la figura de Simba, el hijo legítimo del rey, que vemos que tiene una relación monógama con una de las muchas leonas de la manada. La escena es emotiva, profética, mesiánica, pero alcanza el más alto grado de flipadez cuando un babuino (a partir de ahora “el mono”), nada menos que… ¡unge al cachorro! ¡Lo unge! Supongo que en su estreno en cines los que acudieron a verla y eran suscriptores del ABC en ese momento tuvieron una polución involuntaria.

Simba es un leoncete de lo más salao, y anda por el reino aprendiendo sabiduría de su padre, que tanto en la versión original como en el doblaje hecho en España tiene la voz de Darth Vader, Constantino Romero para entendernos, lo que implica, en cierto modo, que el pobre Simba va a tener que cumplir el monomito campbeliano le guste o no, porque es que el pobre lo lleva en los genes. La sabiduría que le infunde su padre es ni más ni menos que la lucha por la vida y la armonía entre los animales que comen pasto y los animales que se comen a otros animales, como ellos. La filosofía es por tanto el darwinismo… social. Es decir: todos estamos en el “ciclo de la vida” y contribuimos a él, pero como diría Orwell unos más que otros. Unos están para cazar, y otros para ser cazados. Caza cruenta, por cierto, que nunca veremos realizada; como mucho veremos a un león ofreciendo a las hienas un trozo de cebra como recién salido de la carnicería.

También conoceremos al otro personaje importante de la trama, el tío cetrino de Simba, segundón en la línea al trono y que responde al nombre de Scar, pues la verdadera cicatriz es la de su alma al haberse visto preterido en sus ansias de poder. Colegimos también que está así de macilento porque, al ser el único macho de la manada además del monógamo rey, suya es la misión de cubrir al resto de hembras, y por tanto los demás cachorros que hay por ahí son sus hijos, por lo que Simba en un futuro se casará y tendrá una relación monógama con Nala, su prima. Vaya mierda ser el león rey, que es el que menos moja.

Cansado de esta situación, Scar conspira en la sombra con unas hienas, que viven en una especie de Mordor lleno de esqueletos de elefantes, se supone que en un constante estado de intoxicación química producido por los vapores de cráteres humeantes, que a saber lo que sale de ahí. La dialéctica entre el reino de los leones, racional y luminoso, y el mundo hediondo y oscuro del matriarcado lumpemproletario de las hienas es más que claro. Scar se alía con sus enemigos en un pacto contra natura que culmina con un desfile evocador de los de la conmemoración de la Revolución de Octubre en la Plaza Roja, teñida toda la pantalla de tonos carmesíes mientras el león desde arriba contempla  las hienas desfilar al paso de la oca bajo una media luna creciente. Scar es un nazi comunista de confesión islámica.

La revolución, simbólicamente, se produce por medio de la soliviantación de las masas. Scar consigue que su sobrino vaya a ser arrollado por una marea de hervíboros, víctimas naturales de los leones. Masas ignorantes de que, en realidad, no son sino peones de las mismas fuerzas represoras que los mantienen sojuzgados. ¿Y qué animales protagonizan la estampida? Los ñus.

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Si es que esta película tiene mil y una lecturas, a cada cual más interesante. Es la marea democrática del software de código abierto la que va a pasar por encima de los antiguos privilegios de una sociedad anquilosada. Mufasa muere arrollado por esa marea siguiendo la programación de sus genes egoístas que buscan perpetuarse en su progenie, y un alterado Simba decide escapar creyéndose el responsable de la tragedia, con lo que Scar consigue dar su ansiado golpe de estado y convertirse en rey arropado por un ejército de hienas. Probablemente hayáis oído por ahí que esto convierte a El Rey León en una versión de Hamlet, pero ni caso, se parecen como un huevo a una castaña. Es tan absurdo como intentar dignificar un vino de rioja diciendo que es un burdeos.

Después de una travesía por el desierto, Simba llega  la selva. En el universo Disney olvidaos de todo lo que sepáis de geografía: la selva se separa de la sabana por el desierto. Allí lo encuentran dos hipies o perroflautas llamados Timón y Pumba, que lo rescatan y lo introducen en un “modo de vida alternativo” en el que lo más importante es dedicarse a la molicie y el dolce far niente. También le enseñan a comer bichos y le transmiten la consigna hakuna matata, que ya habíamos oído de labios de un africano en Las aventuras de el Joven Indiana Jones. Vamos: pasa de todo colega, buen rollito. Que rule.

Acompañado por los dos perroflautas Simba se hace un león hecho y derecho, mientras en casa el reino, roto el equilibrio de la naturaleza, se descompone y la tierra queda baldía en ausencia de un rey legítimo. Sí, algo parecido a lo que ocurre en Excalibur, que cuando el rey enferma, su reino enferma con él, y cuando sana a su paso brotan las flores. Su antigua amiga y futura esposa legítima con la que mantener relaciones monógamas lo encuentra, y después de tener una revelación con el mono de la primera escena, que ejerce de su Yoda particular, y de hablar con Constantino Romero a través de los abismos de la Fuerza,  decide volver a casa y reclamar su heredad.

El final es el lógico: Simba hostia a su tío, los leones se rebelan contra el régimen islamiconazicomunista de las hienas, que ha impedido el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, y el mismo Scar termina siendo devorado por sus aliadas, que suponemos que volverán a Mordor a esnifar crack, speed y metaanfetamina. Reestablecido el orden racional, divino y monárquico, y con él el de la Naturaleza misma, la tierra vuelve a dar sus frutos, brilla el sol y Simba tiene a un legítimo heredero con Nala, con la que mantiene relaciones estrictamente monógamas, de modo que se completa el “ciclo de la vida” y el resto de las hembras se dedican a los placeres de gomorra.

Bibliografía recomendada:

Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman, Armand Mattelart y Héctor Schmucler

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Legión (una botella grande de lejía para meter los ojos)

13 Abril 2010

Eso pensará más de uno después de ver esta maravilla de película, un canto a la voluntad humana donde se demuestra que se puede detener el Apocalipsis… a HOSTIAS. Bueno, a tiros, pero ya nos entendemos. Qué digo detenerlo: ganarlo. Sí señores: esta gente gana en el Apocalipsis, como si tuviesen a Messi de delantero centro.

Porque, recordémoslo, sólo hay dos clases de problemas en el mundo: los que se arreglan solos, y los que se arreglan a hostias. El Apocalipsis, como no podía ser de otra manera, habrá que arreglarlo a hostias. Muchas.

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“Molo tanto que me debería hacer una canción Estopa.”

Veintitrés millones de dolores se han gastado en hacer esta película con actores de segunda fila, en un sólo decorado y casi todo de noche, con lo que tranquilamente en el plano puede estar alguien en el fondo comiéndose un bocata jamón que no te lo estropea: total, no va a salir. Repito: veintitrés millones. ¿Corrupción lo de la Gürtel? ¡Ja! ¡En Hollywood sí que saben cómo hacer desaparecer el dinero que da gusto! Porque desde luego como lo busque uno en la pantalla, no lo va a encontrar. Y en los bolsillos de la gente tampoco, porque lleva recaudados más de cincuenta millones.

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Espectador poco habituado a la molonidad después de ver la peli.

Lo importante no es lo que la película te cuenta, que eso no interesa, sino lo que no te cuenta. Y básicamente no te cuenta nada. ¿Para qué? Como si lo fuera uno a entender. Son asuntos celestiales y punto. Llega un tío raro montado en un coche de la poli que apaga las luces a su paso, ¿y qué vas a hacer? Pues no cuestionas nada: te atrincheras en el restaurante y listo, ¿para qué vas a ponerte a preguntar nada? Es lo bueno de la molonidad: no tiene que dar explicaciones de ningún tipo, y ni mucho menos se espera recibirlas. ¿Por qué la legión de poseídos no hacen un ataque masivo y estampan los coches contra un restaurante endeble apenas protegido por media docena de personas? Pues… porque no. Recordemos la máxima de Roger Rabbit: las cosas sólo ocurren cuando hacen gracia. ¿Por qué el niño es el elegido? Porque sí. ¿Por qué lo de las moscas si luego no pintan nada? Oye, mira, si nos ponemos a pensar las cosas es que no entendemos por qué molan realmente. Es como El libro de Eli o Babylon A.D. Hay hostias, ¿no? Pues entonces no se puede pedir más.

¿Veis qué fácil? Sólo hay que tener una indigestión después de haberse leído el juego de rol Kult, y de haberse leído Preacher y otros comics de la línea Vertigo, y arreando: ya tenemos hecho el guión de esta maravilla. Sale incluso una niña con un globo, con eso os lo digo todo y no os cuento nada.

¿Y cómo acaba la cosa? ¡Con un Deus ex machina! ¡Pero ojito, que aquí está justificado! Si no pones un Deus ex machina en una película de terror sobrenatural religioso, ¿dónde lo vas a poner si no? Un poco de seriedad. Muérete  de envidia, Galactica. Aquí no lo hace todo un ángel, no. Lo hace Dios, que es mucho más mejor. Y Dios igual te dice una cosa que te dice la otra, porque el tío es que tiene esos puntos: me voy a cargar a la humanidad y al niño misterioso, y de repente… va a ser que no. Oye, que para eso eres Dios y eres tu propio jefe: a ti no te puede dar órdenes nadie ni te van a pedir el libro de reclamaciones. Es como las condiciones de los servicios de Google: cuando les apetezca, pueden cerrar el chiringuito. Escribiendo con renglones torcidísimos, joder si estar torcidos, pero al final, como no puede ser de otra manera, todo acaba teniendo sentido. No aseguro que lo tenga si no está uno hasta las cejas de peyote mientras ve la película, pero todo tiene sentido. Algo así como la Biblia, que tampoco es que tenga demasiado si uno lo piensa pero mira, el mayor bestseller de la historia, que luego le echamos la culpa de todo a Dan Brown pero tampoco él fue el primero.

Los actores, bien. Para matarlos lentamente, me refiero. Del arcángel Miguel hace un inglés llamado Paul Bettany, salen un par de chicas monas y luego está por allí pagándose las facturas Dennis Quaid, que provoca una explosión de gas que parece una deflagración termobárica de medio megatón, pero da igual porque mola. Casi a día de hoy el más conocido es el actor que interpreta al arcángel Gabriel, Kevin Durand, reconocible por ser el mercenario hijoperra que sale en Perdidos.

Al final vemos a la nueva Sagrada Familia (o eso suponemos que es): la madre, igualita a Sarah Connor, que suponemos que guiará a su niño en ese mundo postapocalíptico (éste sí que lo es de pleno derecho), el Pepe de turno (pater putatibus, aunque el tipo se llama Jeep), al que le han salido unos tatus sin que sepamos muy bien a “santo” de qué, y un plano final que es epítome de la molonidad que invade el mundo: un todoterreno lleno hasta la bola de armas para resolverlo todo… a hostias.

Qué poquito avanzados estaban en el pasado: Santo Tomás se podría haber ahorrado mucho pergamino y tinta pegando tiros, y como le hubiesen dado un par de pistolas a la Virgen María y a San José para defender a su niño de Herodes y los infanticidas todo habría sido mucho más fácil… y más molón.

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“Que nadie toque a mi baby.”

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Entrevista con el francotirador de Villabotijos de Abajo

6 Abril 2010

Parece un hombre tranquilo, cordial y amable, y al verlo nadie diría que hace dos años se subió al campanario de su pueblo y acabó con la vida de dieciséis de sus vecinos. Me espera en su celda, la misma en la que probablemente pasará los siguientes veinte años. En su mirada no consigo ver ni el menor asomo de arrepentimiento o sentimiento de culpa. Viste sus ropas de preso con discreción, y a pesar de sus cincuenta y tres años sigue moviéndose con la agilidad de un chiquillo, igual que con la misma ingenuidad de un colegial despreocupado sembró el terro aquel fatídico día en su pueblo.

-Muchas gracias por escucharme -me dice cuando me siento en la silla frente a él, vigilados por un guarda armado-. Me alegro de que por fin un medio serio como The Banana Tribune quiera escuchar cómo pasaron realmente las cosas.

-Siempre estamos al servicio de la verdad. Aquí estoy para escucharle. Dígame, señor Pérez: ¿qué lo llevó, ese fatídico día de mayo, a subirse al campanario y a disparar indiscriminadamente contra sus vecinos?

Se lo piensa un momento, parece que va a hablar pero se detiene, y mira con deseo el fusil del funcionario, como recordando tiempos mejores.

-Puede llamarme Emilio, si quiere.

-Respóndame, don Emilio. ¿Por qué lo hizo?

-Lo he dicho mil veces, pero nadie me cree.

-Hombre, es que es un poco difícil de tragar. Entiéndalo. Se sube usted al campanario, y hala, a pegarle tiros a todo lo que se mueve.

-Pasó un perro y no le disparé. El perro del Ambrosio era.

-Hombre, un detalle. Pero luego el perro se murió de depresión, tras la muerte de su amo.

-Qué desgracia. Pero bueno, ¿qué más daba ya? Ambrosio yo creí que…

Lo miro a los ojos, que me responden con una mirada de inocencia. Y pienso que esto es lo que hemos creado entre todos, y todos somos responsables. No digo nada y espero a que él continúe su historia.

-Ya me lo llevaba temiendo hacía tiempo, años… -dice en voz baja-. Sabía que un día iba a pasar. Alguna gente pensaba que era de broma, pero yo estaba seguro que era verdad. ¿Usted me entiende?

-Hombre, no mucho. Lo que hizo fue una salvajada. Hala, con la carabina al campanario y a tiros con todo el mundo.

-¡Es que iban a por mí!

-¿Quiénes?

-¡Ellos!

-Ya: ellos. Sus vecinos, que casi todos eran unos yayos.

-Iban arrastrando los pies y…

-Ya…

-Los vi moverse todos juntos…

-Es que era una procesión.

-Y luego iban haciendo esos ruidos tan raros…

-Rogativas, las llaman.

-Yo vi aquello y claro…

-Hala, sin pensárnoslo dos veces: me subo al campanario y a pegar tiro.

-Es que venían todos hacia mí.

-Normal: se dirigían a la iglesia después de la procesión.

-¿Usted cree que me pasé?

-Un poco. Vamos, pero es una opinión personal. Lo importate es lo que dijo el juez, que ellos saben de esas cosas.

-Pues yo le juro que creía que había llegado.

-¿Qué? ¿Que había llegado qué?

-Pues eso, que había llegado. ¿Qué quería que hiciera? ¿Dejarme que me pillasen? Pues no: cogí dos hogazas de pan, los chorizos y unas botellas de vino, todos los cartuchos y me atrincheré en un lugar alto a esperar ayuda. Es lo que hay que hacer en un Apocalipsis Z, ¿no?

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Delitos y faltas

23 Marzo 2010

Iba el señor director tan tranquilo camino del colegio cuando se encontró con esto:

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Director: Por favor, Francisco, haga el favor de ir a 5ºB y que vengan Eduardito y Octavio.
Al rato aparece el bedel con los dos infantes, que muestran cierta inquietud. El director conecta la cámara digital al portátil y éste a un proyector con el que presenta la imagen de la pintada a sus alumnos.
Director: ¿Y bien? ¿Qué explicación pueden ustedes dos darme a este fenómeno? Porque espero que tengan la decencia de no negar que han sido ustedes.
Eduardito (muy serio): No es sino una representación del malestar político que parte de la ciudadanía de este país…
El director lo interrumpe.
Director: Quieto, quieto, quieto. A mí vuestra ideas políticas me importan bien poco. A ver… (Con el puntero láser señala en la penumbra lo que hay entre ZP y ENFRENTA.) Independientemente de lo que piense cada uno, no es óbice para el buen gobierno de la sintaxis y de la prosodia. Lo de las mayúsculas vamos a dejarlo, porque según me parece ver es lo tradicional en las pintadas, mal llamadas con el término superfluo grafitti, plural italiano inadecuado. A ver: ¿qué es esto?
Octavio: ¿Un guión?
Director: Un guión. ¿Y qué he dicho yo a respecto de los guiones y el castellano?
Eduardito (haciendo memoria): Que son poco productivos… y que apenas se utilizan para marcar los diálogos en las novelas, y poco más.
Director: Y…
Octavio: Y sólo son justificables si se escriben  ensayos sobre filosofía alemana, en cuyo caso no sólo son justificables, sino recomendables para que no se entienda lo que pone.
Director: Muuuuy bien. Y ahora decidme: ¿contra quién enfrenta ZP a los españoles? ¿Contra los franceses? ¿Contra los marcianos?
Los dos niños se miran entre sí y deciden que uno de los dos debe contestar.
Eduardito (con un hilo de voz): No, unos contra otros.
Octavio: Entre ellos (apostilla).
Director (lee): ZP – ENFRENTA A LOS ESPAÑOLES. Pues yo no sé si la frase es de indicativo o de imperativo, ya veis. ¿Es una pintada de ERC dándole ánimos? Cualquiera podría entender que estáis animando a ZP a enfrentar a los españoles contra algo, o entre ellos. ¿Qué os dije yo de esa célebre pintada que apareció cuando la Transición? Alguien pintó en una pared HAY QUE MATAR AL CERDO DE CARRILLO. ¿Y qué había pintado otra persona debajo al día siguiente?
Eduardito y Octavio a la vez: CUIDADO, CARRILLO. TE QUIEREN MATAR AL CERDO.
Director: Muy bien. Además ese verbo así en infinitivo, “enfrentar”, tampoco me gusta. ¿Qué os digo yo siempre sobre la rica y prístina lengua cervantina?
Eduardito y Octavio (recitan): Que cada palabra tiene su lugar y hay una palabra para cada cosa.
Director: Pues hala, le pedís a Francisco los botes de pintura y las brochas, cuidadme la cámara digital para luego enseñarme el resultado y dentro de media os quiero aquí sin falta.

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Director: Hummm… Sí, ya veo, sí. ¿Por qué habéis cambiado el verbo?
Octavio: Es que usted dijo que lo cambiásemos.
Director (chasquea los labios y tuerce el morro): De eso nada. Yo no descalifiqué la semántica del verbo, sino que hice notar lo inadecuado de la forma del infinitivo para el mensaje que se quería transmitir. ZP DIVIDE A LOS ESPAÑOLES. No, no me convence. ¿Para qué y por qué los divide? No, no. Venga, os doy otra oportunidad. ¿Qué os digo yo siempre en clase?
Eduardito y Octavio (literalmente hasta los cojones): Que de la A a la Z todo es abecedario.
Director: Pues hala, desfilando.

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Director (se lo piensa, hace una pausa dramática, y por fin habla): Bueno… quizá… Sí, así se entiende más o menos, sí. Voy a dejar correr esa lamentable caligrafía y lo poco adecuado del color.
Eduardito (a punto de hacer pucheros): ¿Nos podemos ir ya?
Director: A casa no. Volvéis a ese muro y lo dejáis sin huella de vuestro inexcusable acto vandálico. ¡Y que no vuelva a pasar!

A la mañana siguiente el director se encontró con esto:
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Director: País…

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El ponno como sustento de la Teoría de la Molonidad.

10 Marzo 2010

Como bien sabéis en éste y otros blogs desarrollamos un programa de investigación conocido como la Teoría de la Molonidad, que trasciende y supera programas agotados como el marxismo, el liberalismo, el existencialismo, la Teoría de la Estética o la Teoría de la Modernidad.

La Molonidad es un estadio superior de la cultura, no precisamente nuevo pero que sí está emergiendo y desplegándose en la actualidad, impregnando todas las capas de la sociedad y la forma de entender el mundo. Comprender la Molonidad es el futuro reto de las ciencias sociales y su fundamento definitivo.

Un aspecto central de la Teoría de la Molonidad es la aceptación del porno como medida de toda actividad cultural: toda acción humana se produce a partir de las variables XX y XY, o sus derivados, en acción, y no hay experiencia humana que no se pueda reducir a esas dos variables.

En el caso del porno, tenemos no sólo eso, sino que además podemos expandir la actividad humana a la esfera instrumental que le es propia e incluso a la interacción con otras realidadades naturales. En el caso del porno, tenenmos que las variables XX y XY e incluso las variables derivadas de éstas o incluso variables Z hacen una función determinada bien sea entre ellas o con objetos llamadas constantes K.

Ustedes disculparán los tecnicismos y lo farragoso de la notación, pero estamos intentando construir una ciencia seria y rigurosa, y hablando claramente nunca se ha ganado una cátedra.

Por tanto para crear un producto o actividad pornográficos o simplemente cultural, P, tenemos la siguiente notación:

P = f(XX, XY, XX’, XY’, Z, K)

La única condición es que haya una variable que contenga una X implicada, sea de forma real o imaginaria, ya que sólo e serl humano (X ya que los dos géneros poseen este cromosoma), produce cultura… y si se fijan también es la única especie que produce porno. Por ejemplo dibujos de dos robots dale que te pego no sería una función de una o varias Ks, sino en ese momento K estaría tomando el valor de una variable de X, y en el caso de dos personajes zoomórficos de Disney estaríamos en el caso Z. Es decir K(X) o bien Z(X).

Ejemplos: Mickey haciéndoselo con Pluto: P = f(Z(X), Z). Optimus Prime haciéndoselo con Mi Pequeño Poney: P = F(K(X), Z).

Nuestra hipótesis de trabajo es que toda actividad cultural humana es, reducida a su verdadera esencia, el porno. Nos basamos en las evidencias empíricas y en la famosa Ley 34, que dice que “Si existe algo hay porno sobre ello”, y su corolario la Ley 35, que afirma que “Si todavía no existe porno sobre algo, el Universo volverá al equilibrio y lo creará”. Este corolario de la máxima importancia, ya que tiene incluso consecuencias a explorar en su vertiente metafísica ya que es un indicio de la naturaleza idealista de la Realidad. Si el mundo estuviese conformado únicamente por materia, no tiene sentido la Ley de Equilibrio Universal del Porno, que afirma que si algo existe tiene que haber porno sobre ello.

Así pues, todo que es real termina siendo porno y todo lo que es puede ser porno termina siendo porno. Reformulado tenemos:

Todo lo real es porno y todo lo porno es real.

Si a todo esto sumamos como dato empírico incuestionable que “Internet is for porn” (Internet es para el porno), y que según los guruses del ramo, cuya sabiduría es cierta e incuestionable, Internet es el horizonte hermenéutico y teleológico al que se dirige toda la acción humana de modo que toda ella ha de ser subsumida tarde o temprano en Él, la cosa está más que clara.

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Al final, Internet será la única realidad merecedora de ese nombre, e Internet se inventó para el porno, así que toda actividad humana debe tener una explicación que se atenga a las convenciones y realidad del porno. El despliegue dialéctico de la Historia, la lucha de clases y la ciencia tienen como objetivo último Internet, y por tanto es el porno el Punto Omega al que se dirige colectivamente la humanidad.

En próximas entregas analizaremos algún caso particular de tan fascinante corpus teórico, que sin duda enriquecerá nuestra forma de entender el mundo y a nosotros mismos.

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Joseba Abaiturriotz, el vasco que tiró Internet

4 Marzo 2010

Cuando me mandaron a entrevistar al vasco que tiró con Internet me creí que se trataba de una leyenda urbana, como el tipo vestido de murciélago de Gotham que estuve buscando una semana. Pero no, en este caso tenía una foto y una dirección, e incluso una cita previa por teléfono.

Quedamos en el txoko de una villa costera del País Vasco que no citaré por motivos de seguridad, y allí me lo encontré apoyado en la barra del bar tomándose un chacolí con su cuadrilla, que me inventó cordialmente a tomar unos cuántos con ellos mientras me contaban lo extraodinario del caso que conmocionó al planeta cuando de repente todas las conexiones de Internet se cayeron de golpe. No hubo muertos de milagro, pero al reestablecerse las conexiones a las pocas horas las más variopintas teorías surgieron como setas, desde un ataque gubernamental, censura china salida de madre o una intervención extraterrestre.

Sin embargo la explicación era mucho más extraordinaria: un vasco, de nombre Joseba Abaiturriotz, era el responsable del desbarajuste. ¿Pero qué tiene de excepcional este vasco de unos cincuenta años, curtido del trabajo en el mar en la pesca de la anchoa?

-Pues mire usted -me explica sin dejar de servirme un chacolí tras otro-, yo le dije a mi muchacho: ¿pues qué es eso del Internet, que habla todo el mundo? Y él me respondió: “Es una red de redes que conecta a todo el mundo, aita. Muy importante, Internet”. ¿Pues para que sirve? “Para todo, aita”, me dice. ¿Y dónde está ese Internet?, le pregunto. “Pue en todas partes, aita”, me responde. Sí pues, como Jaungoikoa va a ser. “No, aita. Que es como el teléfono, que lo puedes utilizar en todas partes”. Ah bueno, entonces ya entiendo. ¿Y no es algo que se rompa, si está ahí dentro del ordenador? Imagínate que se te cae con el Internet dentro. “No, aita, qué se va a romper.” ¿Tú estás seguro? “Seguro, aita”. Mira que yo de joven levanté piedra, yo si me lo propongo rompo lo que sea. “Qué va, aita. Mira, ahí está Internet, que te lo enseño”. Vale, pero que sepas que si tu padre quiere romper algo lo rompe. “Que no, aita, que no se puede”. Y ahí ya me cegué, porque cuando me dicen que no puedo hacer algo, voy yo y lo hago -terminó con un puñetazo en la barra.

-¿Y qué pasó entonces?

Joseba se encogió de hombros.

-¿Qué iba a pasar, pues? Que lo rompí. Por el chaval lo sentí, pero le dije que le compraría otro Internet si quería. Yo no creí que se iba a armar tanto revuelo, no sabía yo que era cosa tan importante. Pero es que a mí cuando se me mete algo en cabeza… hasta que no lo hago no paro.

-Y ahora está protegido por el gobierno.

-Dicen. Que si soy peligroso. Cualquier cosa se lo toman a mal. Yo qué sabía que Internet era tan importante. Pero tampoco me sabe decir nadie cuánto cuesta.

-Hay algunos que quieren demandarlo, o pedirle daños y perjuicios por las molestias.

-Que no me jodan mucho, que si lo tiré una vez lo puedo volver a tirar.

-Y lo hecho hecho está -añadió otro de la cuadrilla-. Ya nada se puede hacer ni podemos volver atrás para arreglarlo.

-Porque tú lo digas -contestó inmediatamente Joseba-. A ver, usted, ¿se puede o no se puede?

-Hombre… yo… no sé -respondí-. Quizá con un condensador de flujo… pero creo que no los venden…

-¿Y otra manera no hay? Lo digo porque así le daba yo la vuelta al tiempo, y me podía advertir a  mí mismo de que no tirase Internet, que yo no quiero hacer mal a nadie. Aunque no sé yo si me haré caso, que para esas cosas no oigo a nadie.

-Bueno, Supermán volaba muy rápido alrededor del mundo, invertía el giro de rotación de la Tierra y así invertía también el tiempo.

-Eso es bueno, ya le digo yo siempre a mi chico que aproveche el tiempo y estudie.

-Eh… claro.

-¿Y sin volar no se puede? Lo digo porque a lo mejor corriendo rápido, así como encima de un tronco en el agua, también se puede invertir la rotación.

-Pues… supongo que valdrá también.

-Salgo a probar a ver qué tal. Ah, una cosa: ¿corro mirando al oeste o al este?

-Pues la rotación es oeste-este, así que mejor en sentido contrario. Si no, conoceremos a nuestros nietos antes de tiempo. Ah, y por favor: muy, muy paralelo a la línea de ecuador, no la vayamos a cagar más.

Salimos a la calle y esperamos a que Joseba calentase un poco las piernas antes de empezar a correr como le habíamos indicado.

-¡Ya!

!aY¡-

.odacidni somaíbah el omoc rerroc a razepme ed setna sanreip sal ocop nu esatnelac abesoJ euq a somarepse y ellac al a somilaS

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Donato, el chimpancé que escribió El Código da Vinci en sánscrito

17 Febrero 2010

Me desplazo al zoo de Berlín para conocer en persona… en… no sé cómo decirlo. ¿Cómo se conoce a un chimpancé? ¿En simio? Pues me dirijo a conocer en simio a Donato, el chimpancé que dicen que ha escrito con una máquina de escribir la traducción al sánscrito de El código da Vinci. Me recibe en la jaula el propio Donato, un chimpancé macho de complexión recia, y su cuidado, Karl Scheleimacher.

-¿Cómo he de dirigirme a él? -Es lo primero que pregunto.

-En principio, de usted. Luego si ya le coge confianza, le dirá que puede llamarle Donato. No se olvide de mirarlo a él y no a mí cuando haga sus preguntas, que le sienta muy mal. Pero tampoco lo mire mucho directamente a los ojos, porque creerá que lo está desafiando, o que le quiere robar sus hembras.

-Dios me libre.

Me siento en una silla en medio de la jaula, y frere a mí se sienta el señor Scheleimacher. Donato acomoda el culo desnudo en el suelo y me mira con altivez. Su actitud no difiere demasiado de la de otros escritores que conozco.

-Buenos días, señor Donato. Me alegra mucho que accediese a esta entrevista para Banana Tribune. Déjeme felicitarlo por el éxito de su traducción al sáncrito de El código da Vinci, y de su fama más que merecida.

El chimpancé se me quedó mirando, y el señor Scheleimacher no dijo ni pío.

-¿Es que no se lo va a traducir?

-No, si él lo entiende todo. Luego ya por los gestos que haga y los gritos que pegue ya le comunico yo luego lo que le ha respondido. Venga, pregúntele sin miedo.

-Ah, bueno. Dígame, señor Donato: usted procede de una larga estirpe de monos sabios…

Donato me interrumpío con una serie de gritos y miradas amenazadoras.

-Dice que mono sabio lo será su madre, que él es un simio inteligente.

-Ah, bueno. Pues eso, usted pertenece a una larga estirpe de simios inteligentes, y proclama que es descendiente de Washoe, la primera chimpancé que aprendió a comunicarse con los seres humanos a partir del lenguaje de signos.

Donato hizo varios gestos y suspiró.

-Dice que su abuelita fue una gran simio y que la echa de menos. Les gustaba contarse historias y hablar de sus tiempos en África. Probablemente escriba una saga familiar sobre cómo su familia salió del viejo continente y se labró un futuro entre los humanos.

-Ah, como Raíces.

Donato bufó con desprecio y volvió a gesticular.

-Dice que no le hable de los negros, que no los puede ni ver.

-Vaya, no sabía que era racista.

-Dice que no es que sea racista, a él todos los humanos les parecen lo mismo. Aunque ahora que lo menciona a los capuchinos y a los orangutanes no los tiene en ninguna estima. Son especies llenas de vagos e incapaces de un verdadero pensamiento elevado y racional. Y cuando murió Copito de Nieve se fumó un puro.

-Ah, ya. Lo que ya no está claro es que sea usted descendiente del simio que protagonizó aquel cuento de Kafka, Informe para la academia. Pedro el Rojo es un personaje de ficción.

Donato se pone en pie y muy serio se pone a gesticular largo rato.

-Dice que Pedro el Rojo es un personaje real borrado por la conspiración humana para mantener a los simios fuera del poder. Pedro el Rojo fue un verdadero revolucionario cuyas enseñanzas pasan de generación en generación entre los chimpancés, que a su vez van preparando el día de la liberación. Y dejémonos ya de tonterías: aquí hemos venido a hablar de mi libro. Porque llevamos un rato hablando de otras cosas que no interesan a nadie y todavía nadie ha dicho nada de mi libro.

-O-tiá. Bueno, vayamos al grano. ¿Cómo se le ocurrió lo de poners e a teclear en una máquina de escribir al azar y terminar escribiendo la traducción al sánscrito de El código da Vinci?

Donato mira a su cuidador y es él el que responde:

-Pues la verdad es que nos acogimos a un programa de prueba de lo de ver qué escribiría un chimpancé pulsando letras al azar. La verdad es que la mayor parte de sus congéneres las utilizaron para hacer encima sus necedidades o tirárselas a otros a la cabeza, pero el señor Donato rápidamente se vio atraído por ella y se dedicó en cuerpo y alma a escribir, con verdadera devoción y disciplina. Primero salieron algunos poemas de Shakespeare, para practicar, y luego extrañamente empezó a escribir palabras que parecían al azar, hasta que uno de nuestros colaboradores se dio cuenta de que no, era la transcripción al alfabeto latino de la traducción al sánscrito de El código da Vinci. No vea qué sorpresa.

-Ya, me imagino. Pero según parece ya no escribe a máquina, ya que pidió un ordenador. Dígame: ¿es usted más de Microsoft o prefiere el software libre?

Donato se acarició golosamente la entrepierna con los ojos en blanco.

-Dice que no puede esperar a tener un iPad en las manos.

-Ya entiendo. Y dígame: ¿siempre ha querido ser escritor?

El simio se llevó las manos a los ojos como si viese a través de unos binoculares y gruñó.

-Dice que desde que vio a varios niños leyendo a Harry Potter, que supo lo que quería hacer en la vida.

-¿Es Harry Potter su libro preferirido?

Donato bufó y realizó varios gestos inequívocamente obscenos.

-Dice que no sea estúpido, que es un chimpancé y que no sabe leer.

-Bueno, pero sabe escribir.

-Dice que qué tendrá que ver una cosa con la otra. Que hay escritores humanos que parece que tampoco han leído un libro en su vida. Al menos él lo reconoce. Pero le encantaría poder leer la biografía de Chita, la compañera de Tarzán.

-Ahí me ha pillao. Y dígame, Donato: ¿por qué ese libro en particular? ¿Y por qué en sánscrito?

-Dice que era lo que veía más en las manos del público. Lo del sánscrito, pues un capricho. Además, escribir ese libro en inglés lo hace cualquiera. En sánscrito ya es otra cosa.

-Sin embargo hay algunos especialistas en sáncrito coinciden en que la traducción no es exacta en algunos párrafos y que incluso hay algunas vacilaciones en la gramática.

Donato se encabrona, se lanza contra las rejas y grita al público mientras gesticula hacia su cuidador. Después se relaja un poco y vuelve a sentarse en el suelo mientras me mira furibundo.

-Bueno, ha dicho algunas cosas difíciles de entender. Básicamente que los críticos son una panda de amargados frustrados e hijos de puta que no reconocerían el verdadero talento ni aunque les cayese encima por la calle.

-Ya. Y dígame, señor Donato: ¿cree que la literatura escrita por simios tiene futuro?

Donato se ríe enseñando todos los dientes y habla un rato a su manera.

-Dice que los cuadros de algunos de sus congéneres, así como los hechos por gatos o elefantes, se encuentran ya en pinacotecas y son indistinguibles de los pintados por humanos, así que lo de los libros sólo es cuestión de tiempo. Ya ha hablado con varios editores muy interesados en su obra, y dice que él se conforma con plátanos y algún gadget de última generación. El futuro de la literatura es de los simios y tendrán que acostumbrase a él.

-Bueno, tampoco es mucho peor lo que nos esperaba de la otra manera. Bueno, señor Scheleimacher, ha sido un placer charlar con usted y con el señor Donato.

Estreché la mano del cuidador, y cuando fui a hacer lo propio con el simio éste echó la mano para atrás y se la llevó a la cabeza mientras hacía pedorretas con los gruesos labios y se partía de risa con su ocurrencia. Oyendo todavía su risa me fijé que en una de las paredes de la jaula estaba pegada una postal de la Estatua de la Libertad. La última mirada que crucé con Donato no necesité que me la tradujese nadie, porque decía claramente: “Os vais a cagar”.

Pensaba en esto intranquilo mientras esperaba en la parada de autobús a que pasase el de las tres y cuarto Berlín-Jerez de la Frontera, que me deja justo enfrente de casa, no como el Varsovia-Huelva, hasta que ya luego a la altura de Burdeos me dije: “Bah, total peor que nosotros no lo van a hacer”.

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Espartaco. Sangre y arena. Molonizando los clásicos

9 Febrero 2010

Cuando uno oye ese título lo primero en lo que piensa, es esto:

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Y después, por supuesto, que Vicente Blasco Ibáñez no pudo haber escrito la biografía de Espartaco por elementales problemas de agenda, ya que estaba muerto antes de que naciera el afamado matador de reses bravas.

Así pues, va a ser una nueva versión de las andanzas de Espartaco, uno de los líderes de la Tercera Guerra Servil y del que históricamente se sabe entre muy poco y nada, básicamente lo que los romanos quisieron explicar para la posteridad, y que se resume en esto: unos esclavos desagradecidos se alzaron contra nosotros y les dimos matarile-rile-rón-chimpón. A todos los efectos Espartaco es más un personaje literario que histórico, una especie de Jesucristo laico y protomártir de todas las causas contra la esclavitud y la opresión laboral, que no en vano hubo unos señores muy simpáticos en la Revolución de Noviembre que se llamaron espartaquistas, y no precisamente por buscar saunas gay en la guía Spartacus.

Todo eso muy bien, pero seamos sinceros: no mola. Afrontemos la realidad: no mola nada. Luchar por la propia libertad o por tus derechos es un discurso desfasado y que no dice nada a las nuevas generaciones criadas en la nueva doctrina de la molonidad.

Lo que mola es la venganza. Porque cuando te tocan los cojones, tú a ellos se los cortas. Con dolor. Con mucho dolor. Con ensañamiento y que les duela tanto que allá en casa se eche a llorar el perro. Eso mola.

Visualicemos aquí el trailer de esta impresionante serie.

Así pues hay que hacer “The boldest show in television”. Bold es más o menos intrépido, chulo, tirao pa’lante. “Survival of the best revenge”, leí yo mal la primera vez aunque es “Survival is the best revenge”, pero hasta me pareció lógico. Vamos, es que lo dice todo. Para qué andarse con tonterías de supervivencia de los más aptos, eso es de marujas. La supervivencia de la mejor venganza. Después de que Jay y Bob el Silencioso soltasen lo de “Os haremos comer vuestra mierda hasta que caguéis la mierda de vuestra mierda y luego os la haremos comer también”, hay que estrujar mucho el cerebro para decir algo con gancho. El que tiene más mala leche gana, de eso no hay duda. “Algunas leyendas se escriben con sangre”. A cubos, que hay mucho que escribir.

Pero cualquier descripción palidecería ante la dramatización de cómo dos hipotéticos guionistas de esta serie podrían haber gestado esta maravilla.

-Tío, tenemos que hacer una serie. ¿De qué podríamos hacerla?

-No sé. ¿Tetas y culos?

-Eso ni se menciona. ¿No te falta nada?

-Hombre, ya: violencia. Creí que no hacía falta ni decirlo, que somos profesionales de esto.

-Perdona, tío, no quería poner en duda tu saber hacer. ¿Has visto alguna peli buena últimamente, para plancharla?

-Pufff, no sé. ¿No se notará mucho?

-¿Y qué más da si se nota, si a la gente le da igual?

-Tienes razón. Mira el Cameron: te zumba Pocahontas o Ferngully y la gente sale encantada.

-Qué tío más grande, el Cameron.

-Un coloso. Un ejemplo para todos nosotros. Ya le gustaría al tío ése que hizo esa película en blanco y negro llegarle a la suela de los zapatos.

-¿Cuál peli?

-La del ciudadano que no sé qué que se metía en política y la liaba parda. En un capítulo de Los Simpson también sale.

-Ah, ya. Nos la hicieron ver en la escuela de cine. Flojilla, ¿eh? A veces no pasaba nada. Y con el final no me cosqué mucho.

-Ya te digo. ¿No has visto alguna peli así de venganza que mole y la hacemos nosotros más molona?

-El otro día vi en la tele una de un tío que era así parecido a Gladiator.

-Coño, promete. Peliculón, Gladiator.

-Peliculón peliculón. Iba de un tío que también era gladiador. La peli es del 2004, pero bueno, se nota que está basada en un libro porque a veces es un poco coñazo.

-Me suena, sí. Pero creía que era más antigua.

-Puede ser. No sé. Pero estaba bien: al tío lo ponían de gladiador y se encabornaba que no veas, les montaba una revolución que lo flipas. Lo hacía todo por venganza, creo.

-La venganza mola. Eso lo entendemos todos. Te pisan un pie, y les pegas un tiro. Para qué darle más vueltas.

-Ya te digo.

-¿Y se cargaba a mucha gente?

-No veas.

-Pues empezamos por ahí. Pero eso es de cosa antigua, ¿no?

-Sí, tío. Debe ser de cuando 300, o antes incluso.

-¿300? Buah, tío: peliculón. Ahí todos los griegos vengándose de los cabrones que los atacaban.

-Peliculón, peliculón.

-Ah, pues lo hacemos así en plan 300, que cante el ordenador, y todo como muy romántico y así en tonos pastelote.

-Moooola. Y que la sangre salga a borbotones, como en los mangas.

-¡Ahí, ahí! Como en 300 pero más, que se quedaban muy cortitos y la película era muy gay.

-¿Lo dices porque iban en calzoncillos?

-No, hombre, lo digo porque a veces se ponían blandengues y no salía sangre. Aquí que salgan medio en pelotas todo el rato, y de vez en cuando en bolas. Y si la serie tiene que molar, chorro de sangre cada cinco minutos.

-Vale. Y entre medias culos y tetas, que si no se nos distraen.

-Ahí. Oye, nos bajamos la peli ésa que te digo y miramos un par de cosas de la Wikipedia, y nos ponemos a hacer el piloto.

-Vaaaale.

Después de ver la versión de Espartaco de 2004 y de consultar unas páginas en la Wikipedia:

-¿Ves, tío? Te lo dije: podemos hacer algo así como 300. El Espartaco era un tracio, que debían ser parecidos a los griegos porque vivían cerca. Los ponemos así con un casco guapo y medio en bolas. Pero que nieve y eso cuando van a la batalla. Que se vea que son tipos duros.

-Claro. Como en los tebeos de Conan, que en una ventisca el tipo iba por ahí con taparrabos y sólo con un capa, que con el viruje da igual que la lleves o no que se te mete el frío por todas partes.

-Es que Conan sólo llevaba la capa para molar. El frío se la pelaba. Y a éstos igual.

-Jo, esto ya me está molando.

-Y a mí, tío. Y a mí. Pues entonces los ponemos que son tracios, y que tienen unos enemigos que se llaman… a ver que lo he apuntado aquí… los dacios. ¿A ésos como los ponemos?

-Son los malos, ¿no? Pues entonces que sean feos.

-Claro, lógico. Y primitivos, en plan película de Tarzán.

-¡Ya sé, tío, ya sé! ¡Como los malos de El guerrero número 13! Peliculón.

-¡Peliculón, peliculón!¡Tío, podemos poner a vikingos también!

-Sí, pero todavía no. Mejor apúntalo y lo ponemos para la segunda temporada si da tiempo. Y ponemos el discurso ése de “he visto a mi abuela” y toda la pesca. Luego miramos en Youtube cómo era.

-Oye, pero aquí pone que en realidad los tracios y los dacios eran dos pueblos muy parecidos y que algunos historiadores dicen que formaban parte de un grupo étnico más grande llamados los getas. ¡Jaja! ¡Los getas!

-¡Mola! ¡Los getas! Bueno, qué más dará. Ponemos a los dacios como a neanderthales y listo. Si había neanderthales en Escandinavia también los podía haber más abajo.

-Es verdad. Mola. Pues entonces los dacios les tocan los huevos a los tracios. Y aquí pone que en esa época los romanos estaban en guera con un tío que se llamaba Mitídrates que les tocaba los huevos.

-Y los romanos fueron a vengarse, ¿no?

-Ahí está. Y digamos que piden ayuda a los tracios que están por la zona, y los tracios dicen que mola , pero que los ayuden a ellos a vengarse de los dacios.

-Sí, tío, todo tiene sentido. En realidad la Historia es muy sencilla cuando la explicas bien. Oye, ¿y cuántos tracios ponemos?

-No sé. Una docena, o así. Que la gente se haga a la idea de que son más, no sé. Además los actores salen caros. Todo lo demás lo hacemos con el becario que lleva lo de los ordenadores. Como el campamento de los romanos: lo hacemos así gigantesco pero luego que no salgan más de cinco juntos o así, que las armaduras de verdad hay que pagarlas.

-Mola. Entonces Espartaco se va a la guerra. Pero antes…

-…deja bien satisfecha a su señora. Ahí, una escena de polvaco guarro, con música cañera.

-Y a cámara lenta.

-Eso que no falte. Y luego se despide de ella en un amanecer todo guapo así que le ponga el tío del ordenador unos tonos chulos que él sabe. Que se mire la escena de 300, y como así.

-Apúntaselo, apúntaselo en guión.

-Sí, mira. “Como la escena de despedida de 300, ni más ni menos”.

-Y ponemos así una hojitas cayendo lentamente a cámara lenta. ¿Podemos poner hojitas?

-Las que tú me digas, corazón. Ponemos hojitas cayendo porque el tipo se va a la batalla.

-Vale. Entonces los romanos son unos hijos de puta.

-¿Todos?

-Todos. Para qué complicar las cosas. Y putean a los tracios cosa mala, y hacen que se hostien por ellos. Ahí, todo sangre saltando.

-A cámara lenta.

-Cómo mola la cámara lenta. Además así rellenamos metraje. Somos la hostia.

-Pero qué hijos de puta son los romanos.

-Ahí, para que los espectadores se solidaricen con Espartaco. Cine con sentimientos, tío.

-Ya te digo. Se van a cagar los romanos cuando se encabrone el Espartaco.

-¡Se van a cagar! Pues hacemos que los tracios se den cuenta de que los dacios los van a atacar por la retaguardia y atacar la aldea de Espartaco.

-Ya es casualidad, ¿no?

-Hombre, sí, pero mola.

-Es verdad. Y se rebotan con los romanos, que les dicen que ni de coña.

-Qué cabrones, los romanos. Oye, ¿y con los romanos qué hacemos?

-Ya te digo: unos cabrones.

-Pero algo más tendrán que hacer.

-Ya sé: una panda de salidos.

-Me vale. Imagínate que está el jefe de los romanos contra el rey ése del que se van a vengar.

-Imaginado.

-Y se le planta allí su mujer de sorpresa para llevarle un mensaje.

-¿Y no podía ir otro tío? Coño, que tiene que ir desde Italia a Rumanía o por ahí y en zona de guerra. Que entonces las comunicaciones no eran como ahora. Yo qué sé, igual tardaban en llegar un día o más.

-Pero es que la tía va a echar un polvo. Se le planta allí sólo con una especie de abrigo de pieles y se le despelota toa.

-Me mola como piensas. Menuda zorra. A ésa la vamos a poner enseñando el chocho todos los capítulos.

-Vale. Pues entonces eso, que el Espartaco dice que se va a proteger a su familia, como el Maximus en Gladiator. Y como no lo dejan, se los carga a los romanos.

-Con chorros de sangre. Y a cámara lenta, que siempre duele más.

-Eso, con chorros de sangre. Y su mujer está recogiendo fruta en medio de la nada como en un sitio con piedras, todo en bruma, ahí un árbol solo sin venir a cuento. Pero a tomar por saco del pueblo, ¿sabes?

-¿Ella sola? ¿Y qué pinta un árbol frutal ahí en medio de la nada?

-Es que así la atacan los dacios y la pillan desprevenida.

-Jo, pobre chica. Ella contra todo el ejército de los dacios.

-No, hombre, un puñado nada más. Tampoco tenemos mucho presupuesto.

-Ah, mola. Y entonces…

-…¡llega Espartaco! ¡Y los pone mirando a Delfos! ¡Llegan los surtidores de sangre a Delfos!

-¡El rescate heroico!¡Eso nunca falla!

-Y después, allá a a tomar por saco, ven que arde el pueblo, todo así en medio de la nada, que seguro que las huertas las tienen lejos y van a ellas en coche por la mañana. To hecho por ordenador, ya sabes.

-Jo, sí que debían estar buenas las frutas de ese árbol, para ir hasta allá a por ellas.

-Pozí. Y los dacios que andaban por allí en vez de estar destruyendo el pueblo iban a eso, a cargarse a los que andaban por ahí fuera. Qué cabrones los dacios. Lo que tienen de neanderthales lo tienen de genocidas cabrones. Se merecen lo que les pase.

-Vale, entonces el Espartaco con la buenorra de su mujer se van por ahí y acampan en una especie de desierto, algo así como cuando el Maximus se va a salvar a su familia.

-No sé. ¿En esa parte del mundo no hay bosques y eso?

-Ni idea. Yo lo digo porque mole. Así cuando se pongan a jincar a lo burro y en cámara lenta mola más.

-Ahí, que le dé lo suyo. Y  la mañana siguiente…

-Los pillan los romanos. Oye, ¿y cómo los han seguido? ¿Con GPS? ¿Y no sería más lógico que pensasen que han muerto con el resto de la aldea?

-Tío, si te quieres cargar la serie dímelo claramente y llamo a otro tipo que sepa hacer guiones como Hollywood manda.

-No, hombre, no. Era una idea.

-Aquí no nos pagan por tener ideas. Nos pagan por coger las ideas de otros y hacerlas más molonas. Que no se te olvide.

-Bueno, pues entonces trincan a Espartaco.

-A cámara lenta.

-¿También?

-Toda escena que mole, a cámara lenta.

-¡Pero es que nuestra serie tiene un montón de escenas molonas!

-Pues eso: pondremos toda la cámara lenta que haga falta. Y si tengo que poner los títulos de crédito a cámara lenta y con chorros se sangre, se ponen.

-Jo, que no molaría ni nada.

-Ya te digo. Y entonces esclavizan a Espartaco y se lo van a cargar en la arena de los gladiadores.

-¿Pero lo esclavizan o es reo de muerte? ¿Y por qué no se lo cargan allí directamente?

-Tú haces demasiadas preguntas, ¿sabes?

-Tranqui, tío.

-¡Se lo llevan porque sí! ¡Y lo ponen ahí en la arena con cuatro gladiadores! ¿Sabes por dónde voy?

-¡Coooooño! ¡La escena de Gladiator en la que va de sobrao y se los carga a todos! ¡Peliculón!

-¡Peliculón, peliculón! Que no mola ni nada esa escena, el tío ahí to chulo que se los carga con la punta de la picha como quien se moja un sobao pasiego en el café con leche.

-¿Que si mola? En el cine no porque me dio palo, pero en casa con el dvd me puse a tocar la zambomba.

-Pero antes, culos y tetas, y presentamos algún personaje de relleno. Ponemos, no sé, una orgía.

-Eso, gente comiendo y bebiendo y unas bailarinas por ahí.

-Tú sigue así y vas a ver qué poquito duras en este negocio. ¡Gente follando, joder! Y los de al lado comiendo y follando como si nada. Y bailarinas también, claro. Que el personal se ponga bruto antes de la matanza.

-Porque el Espartaco se va poner serio.

-Ya te digo. El Punisher ve lo que va a hacer Espartaco y echa la raba. Primero se defiende, pero parece que lo van a matar en la arena porque se siente derrotado y que su vida ya no tiene sentido. Pero entonces…

-El tío piensa en todas las putadas que le han hecho, y que seguro que se van a follar a su mujer. Vamos, que se encabrona, porque además le dan tajos y le sale así la sangre a borbotones, como en Ninja Assasin, menudo peliculón.

-Peliculón, peliculón.

-Y el Espartaco pimba, dale, los pone de verano. Pero que se note que es el prota, ¿eh? Cada tajo que da, que llegue la sangre al público. Y los mutila a lo bruto, los corta así en plan animal.

-Mola, tío, como si la espada fuera de adamantium.

-Eso, eso. A uno le ensarta la cabeza desde abajo y atraviesa el yelmo y todo. Es mucho el adamantium.

-Jojo, cómo mola. Me estoy flipando sólo de pensarlo. Y además todo así por ordenador, que no se sepa nunca si es de día o de noche. Así las cagadas de guión y las incoherencias temporales no se notan.

-Se ve que has aprendido en un buen sitio, colega. Pero una cosa así para acabar. Al tío al que le ha cortado las dos piernas ve que no se lo ha cargado, y que se arrastra por el suelo… pero no se ve el hueso cortado ni nada, ni que sangre.

-Pues no lo entiendo… debería estar desangrándose como un cerdo el pobre. ¿Cómo va a tener las heridas cauterizadas?

-Tú piénsalo.

-Pues ahora no caigo, a no ser que… cooooño. ¡Tío, eres un genio! ¡Un homenaje al Episodio III! ¡El tío se arrastra como Anakin después de que Obi Wan le cortase las piernas con el sable de luz!

-Es que hay que dar estos detallitos para que se vea la calidad. No te digo yo que no nos caiga algún premio.

-¿Y tú crees que la gente va a pillar la referencia?

-Seguro. Esta serie está dirigida a un público cinéfilo y que busca la calidad. Como tú y como yo.

-Oye, ¿y cómo se carga al tío que se arrastra por el suelo?

-Hombre, pues lo típico de un héroe: le clava en to el ojete un tridente. Así por la espalda y sin piedad, ensañándose y disfrutando con ello, como haría cualquiera, que así el público empatiza.  Que se vayan haciendo a la idea sus enemigos de que esto es algo personal. ¡Que se van a follar a su mujer y eso no se puede consentir, coño!

-Qué hijos de puta. Se van a cagar. Y como el tío mola tanto, lo hacen gladiador. Debía molar un huevo ser gladiador, ahí cargándose a la peña todo el día.

-Ya te digo.

-Oye, y ya para ir haciéndonos una idea de todas las temporadas: ¿al final a Espartaco se lo cargan como pasó de verdad?

-Pffff. Bueno, eso se supone que pasó pero no está nada claro. Igual se escapó, quién sabe. Porque está claro que un tío tan molón y que se va a bajar así a la peña con su venganza, que es que se van a cagar, no lo vamos luego a dejar que lo maten así como así. Pero bueno, ya veremos.

-O podemos hacer que se cargue Roma. Entra allí, lo quema todo y se carga al emperador.

-Creo que entonces todavía no había emperador.

-Bueno, da igual. El Tarantino hizo que unos judíos se cargasen a Hitler, esa escena al final molaba, en plan venganza. A mi sobrino porque puso eso en un examen lo suspendieron. Ya ves tú, como si importase mucho cómo murió Hitler, la cuestión es que la palmó. No sé a qué viene fijarse tanto en los detalles.

-Qué cabrón, el profesor. Ya le vale, que así mola mucho más. Y queda más claro: se vengan de Hitler y se lo cargan.

-Ya te digo. Mañana va a ir mi hermano a hablar con el profesor y se va a cagar.

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Sherlock Holmes. Elemental: todo se arregla a hostias y molando

5 Febrero 2010

Básicamente, éste es el mensaje de la película en cuestión dirigida por Guy Ritchie, no más que la reinterpretación de un dicho popular bien sencillo y elemental: la mitad de los problemas se arreglan solos, y la otra mitad a hostias. Y molando. Siempre molando.

Pero partamos de más atrás para comprender el marco interpretativo que nos permitirá situar esta película en la modernidad. Decía Umberto Eco que había dos actitudes ante el cambio, ser un apocalíptico o un integrado. El apocalíptico en cierto modo rechaza el cambio, mientras que el integrado se adapta a él y consigue avanzar. No seré yo el que le enmiende la plana a don Umberto porque básicamente tiene razón, pero ya ha llovido desde que presentó su tesis y la verdad es que se ha quedado un poco anticuada. Desde luego que hay apocalípticos e integrados, pero ha aparecido una nueva especie a tener en cuenta y que supera dialécticamente ambos conceptos: el entregado.

El entregado comparte con el apocalíptico su visión del mundo, y que cada día es un nuevo apocalipsis, pero esta nueva especie no ve eso como algo negativo, ni siquiera positivo, sino que acepta la inmanencia e inestabilidad del mundo, y que hay que sobrevivir a cada uno de esos días entregándose al cambio más desaforado y conseguir así ser el más apto, el que ha sobrevivido a la mudanza de los tiempos. El entregado se ve  a sí mismo como un early adopter de cada moda o cosa nueva que aparezca, y espera ser uno de los ganadores en la despiadada carrera darwiniana que es la vida.

Debemos ser entregados, amigos míos, y películas como ésta lo prueban. Porque debemos aceptar que el progreso también se produce en el arte. Por ejemplo en La vida es sueño el protagonista, Segismundo, no consigue salir de su sueño y estado alienado, pero si hubiese tenido lo que hay que tener, un par (de pistolas), podría haber hecho lo mismo que Neo: ponerse a pegar tiros a diestro y siniestro y vencer a Matrix. Calderón se nos ha quedado pequeño, desfasado. No sé, quizá si se hace una versión con zombies, o con ninjas, quizá podría pasar el severo escrutinio y criba a la que se van a ver sometidas todas las obras del pasado, ya que después de la implantación definitiva de la molonidad sólo unas pocas podrán pasar a la verdadera posteridad.

Molo mazo.

Molo mazo.

Las obras de arte ya no se juzgan por su calidad, por su coherencia o por su perfección. Ni hablar. Ahora hay que molar. Si no molas, da igual. Por eso te comes un montón de años en un conservatorio y no eres más que un pajillero con granos, pero aunque sólo sepas tocar cuatro acordes mal contados entras con tu guitarra y tu melena y unos vaqueros marcando paquete en un bar de niñas y al poco allí huele como una pescadería al final de la jornada. Porque molas. Con lo de Avatar lo mismo: te cuentan Pocahontas con un guión más predecible que la tabla de multiplicar pero da igual. Es en 3D, cada plano parece un fondo de pantalla hecho por fotochop,  y lo de los avatares y ser un héroe sin venir a cuento sólo porque lo dicta el destino mola. Vamos, que mola. Toda otra consideración estética queda eclipsada por la elemental molonidad.

Y eso Guy Ritchie lo sabe muy bien y por eso ha hecho esta película como la ha hecho. Sus anteriores películas molaban e iban de gente que molaba. Pues sigamos con el piñón fijo que nos ha dado tan buen resultado, para qué cambiar. Ahora te cuenta la historia de un Sherlock Holmes cochambroso en un Londres cochambroso y es todo como en sus anteriores películas. Los personajes molan. Son refinados caballeros victorianos, pero viven en una cueva que parece un piso de dos estudiantes, ponen los pies sobre la mesa y reciben a la gente con la camisa desabrochada, porque es lo que hace la gente que mola. Y cuando discuten, aunque se llamen de usted, se dan de hostias como dos negros de sus anteriores películas. Cuando asisten a una ejecución, hay manifestantes a favor de la pena de muerte con pancartas, que no sé yo si eso era muy popular en la Era Victoriana, y sólo falta una que diga “Dios perdona, el Imperio Británico no”. Los personajes originales detestaban el uso de las armas, pero eso no mola, así que en la peli pegan tiros a todo lo que se mueve.

Aquí con mi drugo, justo un poco antes de una sesión de ultraviolencia

Aquí con mi drugo tomando leche-plus, justo un poco antes de una sesión de ultraviolencia a ritmo de Ludwig van

Esto nos lleva a otro concepto como la Ley de Poe, que dice que llega un momento en que la parodia se confunde con lo parodiado. Ocurrió con las películas de Flint, en origen parodia de las de James Bond, pero que vistas en perspectiva no son más absurdas que las originales. Y si lo recordáis en El último gran héroe por medio de una fantasía del niño aparecía el Chuache interpretando una versión de Hamlet en plan héroe de acción. (Con ninjas o con zombies la historia original también mejoraría. Imaginaos a Hamlet en medio del cementerio con la calavera y diciendo “Ser o no ser” utilizando la cabeza recién rebanada a un zombie. Poesía pura.) ¿Y qué pensamos todos al verlo? Pues que molaba. En ese momento era una parodia, pero vistos los derroteros que lleva la cultura no podemos sino esperar que pronto se normalicen esas expresiones culturales, a las que debemos entregarnos con alborozo. Sí, por eso mismo: porque molan.

Algunos han dicho que se convierte a Sherlock en una especie de Batman, y es cierto hasta cierto punto, porque eso convierte a Watson en Robin, y se percibe que entre los dos personajes hay una tensión homoerótica no bien resuelta que se refleja en los celos que siente Holmes por la futura esposa de su amigo, e incluso su amiga la espía y criminal es una Catwoman. Pero Holmes también tiene algo de Midnighter, a su vez personaje inspirado en Batman, porque posee la capacidad de prever los movimientos de su oponente y darle una paliza de espanto. Habilidad que aprovecha para ganar en molonas peleas ilegales y sacarse una pasta en las apuestas. Y eso mola.

Básicamente la película mola porque tiene unos personajes molones y la historia mola, como la de El símbolo perdido, que es de sociedades secretas que quieren conquistar el mundo, y además los malos plantean destruir a los Estados Unidos y reintegrarlos al Imperio Británico. Guy Ritchie es inglés, y como podemos comprender un verdadero entregado que sabe quién mola más en el mundo. Y todo mola más cuando hay explosiones y se rompen un montón de cosas, y se ve que todo está hecho con CGI y que la iluminación tiene un tono claramente obtenido por ordenador, que da igual que cante o no, pero es lo que mola.

Molar o no molar. No hay cuestión más elemental que ésa.

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