The Banana Tribune

Jueves, 9 de septiembre de 2010     

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Autobuseros y autobuseras

Lunes, Enero 25th, 2010

Debo confesar que he practicado la autocensura. Una vez. Hace poco.

El autobús iba medio lleno, con algarabía de bachilleres en la parte posterior y, en la de delante, un siseo de ejecutivos con su móvil y un repaso de enfermedades de los mayores que venían del médico.

La primera en darse cuenta fue una de las señoras que volvían de buscar recetas para las pastillas de la presión: el bus se había pasado una de las paradas sin detenerse, pese a las varias lucecitas rojas que anunciaban parada solicitada.

Hubo un revuelo de incredulidad, primero, y un conato de motín, después. Pero todo quedó en una malhumorada disculpa del conductor y un cabreo de los usuarios indignados porque les tocaba caminar la distancia de una parada, de vuelta atrás.

Yo lo vi, pero no escribí nada. Apenas lo comenté con los más íntimos porque había un elemento especial: la persona que conducía el bus era una chica. Una treintañera, con una media melena rubia francamente desgreñada.

Con lo de estar a favor de que las señoras también conduzcan los autobuses y de otras igualdades, pensé  que si lo contaba iba a parecer un gran machista y, además, a mostrarme descaradamente partidario de que a ninguna señora se la deje poner de nuevo ante el volante enorme de un autobús, lo que no es el caso.

Callé.

Pero ya no callo más porque, ayer mismo, en otro recorrido de autobús el conductor se olvidó de girar en una calle donde le tocada poner el intermitente e ir a la derecha. Y era un señor el que conducía.

Y, después de observar esta pequeña tendencia de autobuseros/as que van pensando en sus cosas y olvidan que llevan a bachilleres con ganas de entrar en casa y tirar la maleta al suelo y viejitos que anhelan llegar a su cocina y coger el vaso de la pastilla, pues me alarmo.

Incluso he hecho mis teorías. Nadie me lo ha dicho, pero sospecho que la conductora que se olvidó una parada en realidad quería llegar antes a casa para pillar el comienzo de Donde estás corazón, que cada día se la encuentra empezada y ya está harta. Y el conductor, seguro que no giró a la derecha, donde debía, porque por ahí anda la oficina donde tiene contratada una hipoteca que le corroe cada día 30. Y le dan ganas de huir cuando lo piensa.

Tal vez en un próximo viaje me toque un autobusero/a romántico/a que me lleve al País del nunca jamás, como el espejo que se llevó a Alicia. Y a usted, amigo/a lector le deseo un bus que le lleve a donde sueña.

Si cunde el ejemplo acabará la paz viaria y llegará la paz a los corazones. Y si la cosa se extiende habrá maridos/esposas que pasarán de largo, sin parar, delante de su casa y puede que el ejemplo cunda y ya nadie logre llegar, por despiste, a donde iba sin gusto y todo sea un caos de personas felices y desubicadas.