El sábado deserté cobardemente de la cita con los colegas en el bar, puesto que un martirio como el que se avecinaba sólo podía suavizarlo la locución de Joaquim Maria Puyal, veterano de luctuosas jornadas del barcelonismo y profesional de reputada solvencia a la hora de convertir la tortura en una muerte dulce e indolora. Visitaban nuestros muchachos tierras almerienses para medirse con los de Juan Malillo.
Ya en el minuto 12 , cuando ante la mirada de toda la defensa y el portero azulgrana los locales enchufaban el 1-0, el catalán con memoria histórica podía con razón preguntarse: ¿qué diablos se nos perdió allí?
Uno de los grandes problemas del catalán contemporáneo es la ignorancia
supina de la propia historia y de la sabiduría de los antepasados. Ya hace más de 700 años, sin google ni wikipedia, los catalanes decidieron que Almería no valía ni un pelo del escroto de un almogàver, de modo que se quedaron con Murcia tras un chivatazo falso sobre armas de destrucción masiva que les sirvió no obstante para descubrir las bondades de la vega del Bajo Segura y de la huerta murciana, y ya puestos, para hacer el viaje hasta allá y cepillarnos unos miles de mujaidines, qué demonios, “si hay que ir se va, pero ir pa ná …”; no en balde fué un insigne murciano quien formuló ese principio universal, sin duda heredero de los catalanes que conquistaron y luego repoblaron el territorio. Le entraría la risa floja a otro insigne murciano, Miguel Porlán “Chendo” (”lo que me jode es que la copa la hayan ganado unos que no son españoles”), al saber que Murcia fue catalanohablante hasta prácticamente el siglo XV.
Más tarde, apuntando ya los catalanes maneras en su habilidad para el disparo en el pie, la subnormalidad política y el analfabetismo estratégico, firmaron el Tratado de Almizra, digno predecesor de Caspe, Corbeil y la Constitución Española, y regalaron la catalana Murcia a los castellanos, entregando no sólo a miles de catalanes a la barbarie, sinó concediendo a ésta una salida al Mediterraneo que ejercía además de cuña entre Aragón y el Reino de Granada, aliado político y comercial de los catalanes hasta el punto de que cuando el rey Jaume I propuso a sus hijos, a los nobles y a la incipiente burguesía (el tripartit de entonces) la conquista de Almería, la propuesta fué recibida cual sonora maragallada y la peña se puso a silbar mirando al techo de las cortes catalanas. No obstante, cuando al enclenque rey castellano yerno de Jaume I, Alfonso X apodado el Sabio por los castellanos porqué escribía en gallego, se le rebelaron los murcianos y con la ayuda de los granadinos le dejaron sin Murcia, el catalán mandó a uno de sus hijos a que le reconquistara el reino al yerno moñas. Sí, ya apúntabamos maneras, busquen “Felipe González CiU 1993″ “Aznar CiU 1996″.
Mientras, el asunto de Almería quedó en manos de cuatro colgados, probablemente de la Cerdanya como Carretero, lanzados a la colonización del salvaje oeste que luego veríamos recreada en el mismo escenario en formato Spaghetti Western. Sustituyan a Clint Eastwood, Lee Van Cleef i Elli Wallach por Perot Safavagrossa, Bernat Despiuvermell i Ramon Ouscomamasses, harapientos pirenaicos de 1,60, a la colonización del salvaje oeste almeriense, y obtendrán la imagen de lo patético.
Tal imagen se recreaba en mi mente según el mestre Puyal nos iba participando las evoluciones de nuestros chicos en el reseco cesped andaluz. Pasándolas reputas para sacar el balón en condiciones como siempre que no está Piqué o incluso el resacoso crónico mescalito Márquez; con Touré Yayá resisitiéndose a empezar la temporada, con Ibrahimovic metido en su causa pérdida como el héroe de Kortatu y para variar en defensa encajando goles gilipollas, pues cuando Messi parecía haber logrado lo único complicado, el empate, y un alluvión impenitente iba a caer sobre los locales cual bombardeo de la OTAN sobre civiles afganos, ahí apareció Puyol para empatar a Piqué en la tabla de goleadores. Previamente el Villarato para no malacostumbrar a su entrenador preferido le echó a la calle, en lo que no debe ser interpretado sinó como una invitación a la meditación y a la superación, hasta en eso es sofisticadamente perverso el Villarato. Miren sinó como luego quiso endurecer la prueba, situando a Més Que Un Club ante su historia de pasión: en campo del Almería, perdiendo con un gol en propia meta y con el entrenador y el delantero centro expulsados. El partido se cerró con otro esperpéntico gol, de Messi tras excelente toque de cabeza, a lo Piqué-Alexanco, de un central almeriense. Cómo anticipábamos la semana pasada, el delirio en las gradas.
Antojándose dura la salida del bache, será hora de pensar si ante martirios de este calibre, con la plantilla físicamente en llamas, y con siete partidos oficiales jugados más, un maldito punto vale tamaña batalla. En fin, la próxima jornada, el Clàssic pancatalán, ergo llamas seguras.


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